Edición: Hermes Alberto Carvajal
No hacíamos bien el trabajo no porque no le echáramos ganas, sino porque no sabíamos hacerlo.
Seguimos visitando la “Villa Satélite”. Algunos clientes ya no quisieron saber más de nuestros servicios; muchos sí nos siguieron contratando. Un día se me acercó el señor “de la combi”. Me tomó del brazo y me alejó del grupo como para que mis hermanitos no pudieran escuchar (no quiso avergonzarme enfrente de ellos). “¿Quieres que te enseñe cómo se lavan los carros para que el sol no te seque el jabón y te queden bien brillosos?”. Le contesté que sí, por favor, “es que hay mucha gente que se molesta porque no quedan bien”.
CURSO DE LAVADO DE AUTOS
1- Remoja el carro con la manguera y ciérrala; debemos cuidar el agua.
2- Toma el trapo con jabón. Primero lo de arriba, inmediatamente quitas el jabón y con un trapo exprimido pero húmedo secas esa parte.
3- Enjabonas una puerta, la enjuagas y la secas; pasas al guardafangos y haces lo mismo, así hasta terminarlo.
4- Por último, trapo exprimido, tallas la ventana, secas con papel de periódico y lo mismo con los rines (llantas).
El hizo todo el lavado para enseñarnos como se hacía y todavía nos pagó los 20 pesos.
Le dije: “¡Qué bonito le quedó! ¿Dónde aprendió a lavarlos así?” y me contestó: “yo también lavaba carros cuando era niño, pero a mí me maltrataban mucho porque no me quedaban bien, pero nadie nunca se dio el tiempo de enseñarme como se hacía”.
Se agachó y me dijo en voz baja --como diciéndome “guárdame el secreto”--: “yo soy el dueño del car-wash del bulevar y por cada carro cobro 5 pesos”, me dijo, haciéndome un cariño en el pelo, despeinándome más de lo que yo ya andaba. Nos reímos mucho.
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RICOS CON EL AMOR DE DIOS EN SU CORAZÓN
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